Bueno, ¡por fin ya está!, ya ha llegado este día; nadie daba nada por esta iniciativa, ¿verdad Ander?; pero si a nuestro mítico lema “Poco dinero pero muchos amigos”, le sumas tu cabezonería, todo se puede conseguir. Y aquí estamos, 18 jóvenes Meneses en el aeropuerto de Loiu, dispuestos a iniciar el intercambio juvenil con la ciudad ucraniana de Kamenets-Podolski. Así que un pasito más a favor de la juventud de Mena que acabamos de dar, ¡enhorabuena!.
8 am, te esperas que el grueso de la expedición esté con una cara de sueño tremenda, pero no es así. La ansiedad, motivación y ganas de ver mundo de esta gente, borran todos esos posibles rasgos. Lo primero que me sorprende de este grupo es algo muy difícil de conseguir, 8 chicas y 10 chicos casi, casi a la par, así que otro objetivo del PDJ (Plan de Dinamización Juvenil Valle de Mena ) conseguido. Pero, si algo me llama la atención, es lo heterogéneo del grupo, cubrimos todas las áreas necesarias para poder echar a andar un país, tenemos un empresario, dos empresarias, un arquitecto, una enfermera, un profesor, un electricista, un informático, un cámara de tv, una diplomada en turismo, un soldador, varios estudiantes etc. Que a su vez, como jóvenes que son se convierten en un rapero, un grunchero, un hippy, un chico guapo, una chica guapa etc . etc.
Y con toda esta gente tan diferente a las 10:00 hemos cogido un avión dirección Madrid para de allí seguir en otro vuelo diferente dirección al aeropuerto de Borispol en Kiev, para llegar a las 18:30 hora española; ya que a la ucraniana hay que sumar una más.
Menos mal que en aeropuerto nos está esperando Olga, nuestra jóven intérprete. Ella es de
Dejamos todas ( perdón, casi todas) las mochilas en la consigna de la estación de tren a la que más tarde tenemos que volver y nos vamos a hacer una visita rápida de un par de horillas por Kiev. Esta, es una ciudad grande y aunque parezca mentira, con el sueldo medio que tiene la gente por aquí más menos 200 € al mes, bastante cara, un café cuesta más que en Burgos o Bilbao y se mezclan los Ladas antes mencionados con los BMW o Hummers, los edificios supermodernos acristalados, con las moles de hormigón sovieticas de hace bastantes años, comercios antiguos y pequeños de otras épocas con las tiendas típicas parisienses que comercian con las mejores marcas. Y en el medio de todo este barullo, la única estatua de Lenin que queda en pie en Kiev, muchos la quieren tirar, pero otros muchos no y ahí está. A saber hasta cuándo.
Cogemos el metro, y tras 5 minutos de descender al submundo encima de un millón de escaleras mecánicas y cruzarnos con gente vestida de negro y que no habla para nada (¡imaginaros lo que se nos oye por aquí!). Llegamos a nuestra parada, la Famosa Plaza de la revolución Naranja, donde se inicio tras unas elecciones nacionales amañadas, una gran protesta popular y todo el pueblo ucraniano salió a las calles a exigir unas elecciones generales limpias y legales. Se ven carteles electorales por aquí. El domingo fueron las elecciones parece- por lo que nos cuenta Olga- que Ucrania quiere seguir “mirando” a Europa y que el movimiento que inspiró la Revolución Naranja vuelve a cobrar fuerza tras unos años de escepticismo.
Nos llama mucho la atención donde se reúnen los jóvenes, ya que se juntan en galerías subterráneas casi sin luz bajo las grandes plazas, para charlar o tomar algo,: Olga nos aclara que la gente no tiene dinero como para ir de bares o pubs y para protegerse del frio utilizan estos lugares como centro de reunión.
Después de ver un montón de edificios históricos por todo el centro de Kiev y cenar un poquillo en un italiano que hemos encontrado, la hora se nos echa encima y decidimos ir hacia la estación donde hemos dejado las mochilas y tenemos que coger un tren litera que durante toda la noche nos trasladará a la ciudad de Luvov (en ruso), L´viv, en ucraniano. Nos llama muchísimo la atención la estación de trenes tan majestuosa y con tanto trasiego de gente.
Todo el mundo sigue emocionado con el viaje y no os cuento nada cuando ven el vagón litera que tenemos cogido para nosotros en el típico tren soviético hecho para durar de por vida, seguro que nos espera una noche largaaaa… y mañana… tendremos caras de sueño; pero eso os lo contaremos en la siguiente entrega.
Dobry vecher!
Raúl San Román.
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