Fotografías Malta Express

sábado, 25 de octubre de 2008

Crónica del Viernes 23 de Octubre


Arena blanca, agua cristalina, la brisa, la brisa jugando con nuestros cabellos. Y las rocas, cortando las olas venidas de mar adentro.

Córcega, un paraíso terrenal. El nirvana que hemos tenido ocasión de admirar durante estos últimos días, mientras los rayos del sol acariciaban nuestros cuerpos. Y este no iba a ser menos.

La jornada de los expedicionarios ha amanecido con el cielo nublado, y Erik alicaído hasta que María con su optimismo, sus plegarias y sus buenos pensamientos (y que conste que no lo he escrito yo, digo ella) aunque según Joserra fue su sonrisa la que disipo las nubes y consiguió que el astro rey hiciera su aparición disipando todas nuestras dudas, para así dar comienzo a un promenade a caballo.


A las 9 am, Nicolae nos esperaba para montar en nuestros briosos corceles y empezar así con un recorrido de una hora por la foresta y las playas corsas.


A pesar de contar con dos jinetes experimentadas como son Andrea y Naiara, la verdad es que Leire con su compañero Don Rocinante, Erik con el Jefe Indio Revolucionario y Maria con Picasso el Dicharachero (que no ha callado en todo el viaje), también se ha defendido.

Tras disfrutar del paisaje costero de Cartaccio a lomos de nuestras monturas y dejar atrás el gran rancho nos hemos encaminado a disfrutar de las cálidas y preciosas playas que hacen honor al nombre por el cual conocían a Córcega los antiguos griegos, como Kalliste (la “Más Bella”).


Meciéndonos al compás de las olas en las playas de Palombaggia y Santa Julia, recreándonos con este día radiante (gracias a Maria) llego la hora de la comida.


Toca el turno de visitar los acantilados, donde nos deleitamos con las vistas: a un lado Cerdeña, al otro la ciudad de Bonifaccio y resaltando entre ellas, la inmensidad del mar, situados desde la privilegiada posición, base militar de la Segunda Guerra Mundial, ¡que sitio tan impresionante utilizado para tantas barbaridades!.


Proseguimos la ruta con dolor de cabeza debido a la imposición musical repetitiva, es tiempo de descanso y pasear libremente por la villa corsa, tiempo en el cual, aprovecharemos para hacer un poco de turismo por la ciudadela para comprar los recuerdos materiales, ya que los mentales están a buen recaudo, aunque el agua ha hecho su aparición, al final de la tarde, y por ello hemos adelantado la vuelta a los bungalows.

La cena preparada por gente de Balmaseda y Güeñes ya está lista, aquí se dice “Bon Apetitte”.

25 expedicionarios, bueno mejor dicho, 25 amigos cenando en 20 m2, como podéis imaginaros miles y miles de risas.


María, Maikel y Joserra

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